jueves, 15 de octubre de 2009

El Hombre Pájaro


Estaba agregando el jerez al sartén, cuando sonó el teléfono, de inmediato supe que las costillas de cerdo a la nórdica, estaban perdidas. Cuando contesté con un resignado -Hola-, reconocí la estática del teléfono del hospital, antes que la voz del enfermero Sanmartín se disculpara: -Usted perdone Doctor, pero creo que va a tener que venir.-
Escuché en forma mecánica lo que Sanmartín me decía, mientras pensaba en las costillas de cerdo que no iba a poder comer y en el segundo Güisqui, que tenía servido. Reaccioné y comencé a prestar atención cuando nombró al paciente, sin dudas iba a ser una noche muy larga.
El hombre pájaro no era paciente mío, en realidad no supe que nadie lo hubiera atendido nunca, los colegas no lo mencionaban como paciente, pero todos hablaban de él.
Mientras me lavaba las manos y me cambiaba de ropa iba haciendo memoria de lo que sabía de éste personaje.
En los pueblos todo se sabe y más si se trata de algo fuera de lo normal. La historia de este hombre, no se muy bien cuando había empezado pero hacía años que se hablaba de él.
Persona trabajadora del medio rural, de escasos recursos, dicen que una tarde ya con más de cincuenta años le comentó a su mujer: -me gustaría saber como se llaman los pájaros.- Como la doña tenía cosas más importantes que hacer, no le contestó y siguió con su trajín, le dio maíz a las gallinas en el patio, hizo el ordeñe de la tarde, largó las vacas a la avena, juntó los huevos de las nidadas y encerró a las gallinas para tenerlas a salvo de zorros y comadrejas.
Cuando volvió a las casas, el hombre seguía sentado en el banquito de tronco con la mirada como perdida, ella se lo quedó mirando, con los brazos en jarra, pero no le dijo nada. El se volvió dspacio: –Voy a ahorrar para comprar un libro- -¿Un libro de que Barragán? si Usté apenas sabe leer.- -Un libro de pájaros.- Le contestó.
Ese mismo día comenzó a ahorrar, no cenó.
A la mañana siguiente cortó la leche del desayuno con agua y no le puso café. Dejó de ir al pueblo cada semana, para hacerlo cada quince días, compró menos arroz, fideos y galleta.
Vendió un cuchillo viejo de familia, muy gastado por la piedra, pero con el mango de guampa bien cuidado. Le dieron doscientos pesos. No se compró alpargatas y anduvo descalzo todo el invierno.
Cuando le pareció que tenía bastante fue al librero y preguntó por un libro de pájaros. El librero lo miró por encima de sus lentes, le molestaba tener que dejar el grueso y polvoriento libro que estaba leyendo, le molestaba vender libros, le molestaba que lo molestaran, le molestaba todo, pero le llamó la atención aquel personaje con un pedido, que para él, era bastante extraño. -¿Y que libro de pájaros quiere?- -Uno que tenga el nombre de toditos los pájaros.-
El librero se rascó la cabeza, desordenó su nada alineado pelo, prendió un cigarrillo negro y fue hasta una estantería en el fondo del local., tomó una escalera de madera y de casi contra el techo, sacó un librejo tapado de tierra.
-Este tiene todos los pájaros de Argentina y Uruguay, están agrupados por clase, orden, familia, género y especie; tiene detallados los que están en peligro de extinción, establece la frecuencia y las posibilidades de hallazgo, trae mapas de distribución, migraciones, nidificación y otras cosas más. Es la guía del Tito Narosky.-
-¿Tiene el nombre de todos los pájaros?- el librero malhumorado contestó: -Muy seguramente si.-
-¿y……cuanto cuesta?- - Setecientos cincuenta pesos. Es usada pero está en buen estado, nueva sale más de mil doscientos si quiere le encargo una a Montevideo, demora quince días.- -No, no me alcanza la plata ni para ésta, me la guarda, no la venda a nadie, en cuanto junte la plata vuelvo.-
El librero guardó la guía en el estante y se olvidó de Barragán, regresó a su lectura.
Barragán en cambio, aumentó las medidas para su ahorro, en las mañanas tomaba agua caliente, en lugar de leche, suspendió el mate y redujo el almuerzo a una cantidad, que parecía incompatible con la vida, adelgazó en la misma forma en la que se volvía cada día más taciturno.
Demoró seis meses en juntar el dinero que le faltaba. La noche anterior a su salida para el pueblo, comenzó a sacar dinero de diferentes escondrijos. Removió un ladrillo del piso de la única pieza de su rancho y sacó ciento cincuenta pesos en monedas y billetes. Vació una vieja lata de café Águila, que decía “ASUCAR” y tenía yerba, en el fondo en una bolsita, había setenta y cinco pesos más. Detrás de la inútil radio a válvulas, tenia cien pesos, adentro del colchón de paja doscientos treinta, y así fue juntando los setecientos cincuenta pesos que ató en un pañuelo, los puso debajo de su almohada, los agarró con la mano derecha y se durmió hasta que lo despertó el gallo.
A las siete de la mañana estaba parado frente a la puerta del librero.
Cuando a las nueve llegó a abrir el local, el librero lo encontró en la misma posición, de cara a la puerta. –Buendía.- Dijo antes de poner la llave en la cerradura.
–Vine a comprarle el libro.- y extendió el pañuelo con las monedas y los billetes.
–Bueno, pero espere a que estemos adentro.- Con gran paciencia, el librero fue ordenando las moneditas, las de un peso, las de dos, las de cinco, las de diez. Estiró los ajados billetes y contó. –Si, acá hay setecientos cincuenta pesos, tome, ahora el libro es suyo.-
Yo no saqué el auto del garage, esperé a que la ambulancia me viniera a buscar siempre me permite pensar mejor en el paciente si no tengo que hacer el aburrido esfuerzo de manejar, además me incomoda la anarquía del tránsito de las motos, y pensar a cual de ellos me va a toca remendar en el hospital.
Sanmartín, que además era el chofer de la noche no dijo ni una palabra, lo cual era raro. Después de muchos años en la guardia de la noche, creía que podía diagnosticar de ojito todo lo que llegara a puerta, casi siempre además sugería algún tratamiento –a éste le hacemos tal cosa y lo mandamos para la casa.- Esta vez algo andaba mal. Yo no tenía humor para la charla ni para los pacientes, así que me dediqué a pensar en Barragán.
Dicen que en los primeros días de tener el libro se había tranquilizado un poco, a pesar de que pasaba casi todo el día deletreando con dificultad nombres comunes y científicos en latín. Empezó a comer mejor y casi había olvidado la costumbre de ahorrar.
Una mañana sin previo aviso se sirvió agua caliente en lugar del tazón de café con leche. –¡Barragán! ¿y ahora que bicho le picó?- Lo increpó la mujer al notar su actitud. -Preciso una libreta, lápiz, papel y colores.-
-¿Y para que quiere esas cosa de gurí de escuela?-
-Para dibujarlos, También voy a comprar largavista.-
Pasaron otros seis o siete meses de ahorros y penurias en la casa. Ya no compraba casi nada y tenían que arreglarse con lo que la doña iba produciendo en la casa. Él en cambio seguía mirando pájaros y nombrándolos, primero por el nombre común, al poco tiempo logró poner después del nombre común, el científico.
Fue por esa época donde lo empezaron a llamar el hombre pájaro, se lo veía caminar por el pueblo, siempre mirando para arriba, como en la luna, y a cada especie que veía la señalaba con el índice de su mano derecha y decíaen voz alta: “doradito, Sicalis flaveola”, tordo renegrido Molothus bonaerensis, gorrión Passer domesticus”. Los gurices corrían a su alrededor y le gritaban “Hombre péjaro, hombre pájaro”, el seguía su camino señalando y nombrando pajaritos.
Un día, unos botijas se pasaron de vivos, le tironearon la ropa y le hicieron una zancadilla. Se dio vuelta. Levantó los brazos simulando las alas de un gran cóndor y lanzó un grito-graznido, al tiempo que su cara se transformaba con un gesto de rapaz. Los zafados quedaron congelados y salieron disparndo. Por un tiempo, solo por un tiempo, lo dejaron en paz.
La segunda etapa del ahorro, estaba cumplida, compró lápiz, una libreta de espiral, papel y lápices de colores; pero le faltaba el largavista. Lo encontró en un remate. Eran unos binoculares viejos y en desuso desde hacía mucho tiempo, es probable que hubieran pertenecido a algún burrero, los compró en cien pesos, se veía solo por uno de sus lentes.
Así armado se lo veía mirar hacia los árboles durante horas, mientras que con caligrafía escolar anotaba: ave de diesisai centímetro mosomeno, cabezón, de pico grueso como de loro, verde olivaceo en la cabesa espalda y alas, corona castaño oscuro, flancos amarillentos, seja y frente castaño rojiso, nuca y mejiyas grises, tiene el ojo rojo o anaranjado fuerte. Ta difícil de ver, se escucha clarito el canto que es fuerte y lindo pero anda siempre escondido.
Juan chiviro “Ciclarhis guajarensis”
Lo vi en el bosque tupido en setiembre al medio dia, primeros dias.
Casi siempre acompañaba la descripción con un pequeño boceto, y al llegar corriendo a su rancho, empezaba a dibujar y a la luz del candil quedaba allí durante horas.
-¡Dejáme en paz mujer, que se me olvidan las cosas!- corría a su mujer a gritos en cuanto ella le reclamaba que se ocupara de las cosas de la quinta, de los mandados, de las vacas o darle de comer a la chancha.
En sus cada vez más escasas visitas al pueblo, las cosas iban de mal en peor, los gurices seguían metiéndose con él y los muchachotes, sin nada que hacer en los bancos de la plaza, también le gritaban con voz en falsete: “hombre pájaro, hombre pájaro”.
Barragán reaccionaba siempre igual. Con su pose de cóndor y el grito-graznido. Al principio a todos les causaba gracia, con el tiempo algunos sintieron lástima y en algunos casos despertó temor. En una oportunidad al cruzarse con una señora en la única plaza del pueblo, esta le dio los buenos días, Barragán le respondió con su pose de cóndor y su grito-graznido.
Se le empezaron apartar y lo consideraban peligroso, las madres aupaban a los niños y salían de la plaza con los triciclos a cuestas. Pero no dejaban de meterse con el hombre pájaro.
Durante veitinueve años de ejercicio de la profesión en el pueblo, me había acostumbrado a todo, a todos los olores, a todos los sufrimientos, los del cuerpo y los del alma. Estaba acostumbrado a dormir poco, a comer cortado, a que me contaran sus padecimientos físicos y sus penurias familiares, amorosas, laborales y a que siempre esperaran una respuesta balsámica, sanadora. Para lo que encontré en la sala de emergencia del hospital, no estaba preparado.
A la consulta del Dr. García, nos contó él, había llegado en alguna oportunidad la señora del hombre pájaro, a consultar por el hombre, sin haber podido traerlo. En una de esas oportunidades estaba preocupada porque no se quedaba a comer y se llevaba algún pedazo de galleta y queso casero para poder mirar los pájaros, después dejo de venir en las noches. Según decía el colega García, cuando la doña le preguntó porque salía también de noche, la respuesta fue clara: -Pero mujer ¿no sabés que ellos no paran nunca? Como querés que encuentre al ñacurutú, al tamborcito, el caburé los dormilones?-
-Pero es de noche Barragán, no ves nada.-
-Si ellos pueden ver yo también.-
-Eso no es todo Dotor dejó de comer comida y se come la ración y el maíz de las gallinas.-
Cuando llegué a la sala, el olor me impregnó., no es que fuera peor que otros en la urgencia, era distinto, era como un olor a zoológico viejo. Ahí me encontré a Barragán, encima de la camilla, en cuclillas, con los brazos pegados sobre sus costillas y las manos en un extraño ángulo sobre éstos. Eran ni más ni menos que alas plegadas. Completamente desnudo y adelgazado. Tenía el cuerpo tapizado de plumas pegadas con algo que parecía engrudo. Estudié durante un momento su actitud y pude notar que los dedos de los pies se aferraban al borde de la camilla de metal como si fueran garras. A veces metía la cara debajo de una de sus axilas y con ella se rascaba, se picoteaba, para acicalar sus plumas. –así que vos sos el hombre pájaro, dije para mi.-
-Buenas noches Barragán, ¿Cómo anda?- -bien.- Dijo mientras seguía acomodando sus plumas, con su boca-pico. -¿Como se llama?- -Hortensio Barragán Medina, para servirle.- - Digamé ¿por que está acá?- - No se me trajeron.- -¿Sabe donde está?.- -Si en la veterinaria- - ¿Y en que vino?- -me trajeron en la jaula.- -¿Sabe porque lo trajeron?- - será porque en jaula no les quiero cantar, a mi me gusta el monte.- -¿y usted que es?- - Un Saltador aurantiirostris, Rey del monte.- -¿Usted toma Barragán?.- -No, solo dos grapas de aperitivo y medio litro de vino con las comidas, es de uva chinche lo hago yo, con bastante azucar. Es bueno se siente el olor hasta cuando uno va al escusado.-
-¿y esas plumas?- -Son mías. Ellos se las van sacando y yo las junto, ahora son mías.-
Era evidente que lo tenía que mandar a la capital a internarse, pero antes había que resolver si lo medicaba, no mostró signos de agresividad, pero tenía algunos antecedentes que me hicieron levantar la guardia.
Sanmartín, prepárelo que lo vamos a llevar a internar. Mañana de mañana hacemos el traslado en ambulancia y hoy lo llevamos a La Ibérica, vaya llamando al gallego.
La Ibérica era la pensión de un catalán Vaqués de apellido, al que todos llamábamos gallego, allí siempre había una habitación en la que podíamos internar pacientes que no eran aptos para la única sala general del hospital.
El hombre pájaro nos miraba con atención, así que decidí que mejor era explicarle adonde lo llevábamos. –Mire Barragán, lo vamos a llevar a la pensión del gallego, frente a la plaza, ahí se va a quedar esta noche y mañana viajamos a conocer la capital, ¿sabe?.- -Bueno.- dijo y comenzó a desplazarse a saltitos como un gorrión. –No, no, no Barragán, espere que ahora viene Sanmartín y lo llevamos en carrito.- -Bueno.- y regresó a su posición de pájaro apichonado.
El traslado a la pensión fue rápido, pero como en todos los pueblos, a la salida del hospital y a la llegada de La Ibérica, estaban todos tratando de ver al hombre pájaro. En los dos casos se podía escuchar el barullo del silencio, como en entierro de angelito.
Lo subimos al segundo piso, Sanmartín lo acomodó en una de las sillas de madera de la habitación y se fue a preparar el baño que quedaba al final del corredor. Yo decidí que era el momento de hablar con la esposa. Salí de la pieza y le toqué el hombro para explicarle la situación. pero empezó ella antes que yo. –Pero fíjese que es una cosa horrorosa dotor, no se puede vivir con este hombre en esas condiciones, yo no puedo con la vida de él, no me come, no me trabaja, no me ayuda en nada pasa con los pájaros día y noche y en lugar de traer plata a las casas las gasta en estos dibujitos.- Me alcanzó una resma de papel totalmente cubierta de dibujos de pájaros y anotaciones sobre sus características, lugar y hora del avistamiento, comportamiento, en suma el trabajo de un erudito autodidacta. No se podía negar que los dibujos eran de un detalle y un preciosismo poco creíble, después de ver el estado en el que se encontraba el hombre pájaro, pero allí estaban y eran en verdad asombrosos.
-Mire doña Adelina, su esposo está enfermo, está muy enfermo y vamos a tener que trasladarlo a un sanatorio especializado, a un sanatorio siquiátrico, para que haga un tratamiento.-
-¿Y se va a curar de la manía de los pájaros?-
-No lo sé, vamos a tener que ver como evoluciona con la medicación y el tratamiento de los especialistas, es un caso delicado.-
Creí sentir un rumor de plumas acicaladas, pero seguí alertando a la doña acerca de las dificultades de sacar a Barragán de ese estado: -…….después que pasa un tiempo, el delirio se instala en la personalidad y ya no paran…….- entonces el rumor de plumas se hizo más audible y comenzó un silbido melodioso, era tal cual el canto de un pájaro. Me volví rápido a la habitación donde estaba Barragán, en una primera mirada me pareció vacía, al recorrerla con la vista lo vi parado en el alféizar de la ventana, con todas sus plumas y en su pose de pájaro.
-Barragán, Barragán.- lo llamé en un susurro, -¿Qué hace?-
-Ahora si voy a volar.- dijo sin dar vuelta la cara y desapareció por la ventana.



domingo, 4 de octubre de 2009

Se me murió la Negra Mercedes

A partir de hoy el folklore no va a ser el mismo.
La Negra se fue, pero vive.
Gracias Negra.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Plagio a Alfred Elton van Vogt

El Bosque

Hacía años que el hombre había abandonado el planeta, el bosque tenía una vaga memoria de él. La imagen se avivó cuando la pesada nave surcó el cielo. Tuvo plena conciencia que algo malo iba a pasarle, pero el recuerdo no se presentó de inmediato, recién cuando las primeras ramas se quebraron y el fuego de la nave comenzó el incendio, supo que el cohete ya había estado en él.
Tras años de crecimiento y aprendizaje, comenzó a apagar el incendio, hizo fluir cantidades enormes de sabia y controló la cicatriz ígnea de más de tres kilómetros de longitud, hasta el lugar en que la nave se detuvo
Su rabia fue en aumento y deseó aplastar a su agresor. Desarrolló raíces y ramas, para atraparla desde arriba y abajo, aumentó el tamaño de sus troncos estiró ramas; comenzó a encerrarla y a aplastar el duro metal.
La nave escupió fuego en todas direcciones, quemó y destruyó hasta más de cincuenta metros a su alrededor, el bosque enceguecido de rabia, miedo y dolor, empleó todas sus fuerzas en apagar y curar su cuerpo dañado.
Supo que hacer, en lo más profundo de sus raíces encontró una partícula, de un mineral impuro, la tomó y la hizo circular con su sabia, esta se unió a otra y a otra, en poco tiempo toneladas de mineral se fueron acumulando en torno a la nave. Las escotillas se abrieron y los hombres con rajes y escafandras salieron con sus enormes aspiradoras y en unas horas se llevaron su precioso cargamento de uranio 235.
Feliz de verse libre del intruso, acumuló el material brillante para tenerlo en reserva para cuando el mal regresara, el resultado fue previsible. Un a nube en forma de hongo destruyo una vasta zona de él mismo, y comprendió.
En su crecimiento sin límites, se encontró con un bosque que, al igual que él se estaba expandiendo, la lucha de raíces troncos y ramas, duró años. Hoy se encontraban en una tensa paz vigilante. Lo mismo le ocurrió cuando creció en sentido contrario y con otros bosques tuvo que luchar para conquistar nuevos territorios. Ahora sabía lo que tenía que hacer, en la frontera con el otro bosque acumuló aquel mineral y la explosión causó la destrucción de la línea de defensa, la colonizó y avanzó hasta encontrar una nueva resistencia, una nueva explosión le abrió el camino, continuó creciendo hasta que llegó al centro sensitivo del otro y lo destruyó por completo.
Entonces dirigió su ofensiva hacia el bosque de la otra frontera, repitió la explosión y avanzó, encontró resistencia y antes que pudiera acumular suficiente mineral un hongo de humo y fuego lo atacó. La explosión atómica del otro bosque, no la esperaba. Lucharon con explosiones atómicas hasta quedar casi destruidos los dos.
Sus victorias actuales se limitaban a rodear las naves de los hombres con el material brillante para librarse del agresor.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Sencillo trámite

Siempre quise hacer esto, ¿hacer que?, esto.
Comenzar a escribir algo, como lo hacían los rusos y alemanes en el otro, otro siglo.

Nací en la ciudad de T….., en el departamento de C…., en el año de 19…….

Como las circunstancias se dieron, me voy a expresar como lo hacían aquellos buenos escritores, a pesar de lo que voy a contar me pasó en el año que corre.

Ocurre que algo muy kafkiano me sorprendió en un trámite que debió ser sencillo, es así que al presentarme en la Administración para solicitar mi historia laboral, me recibió el funcionario de tercer grado, el señor R…., el que por supuesto me atendió con toda la deferencia y educación que corresponde a un alto funcionario de la Administración y que tiene el uso de una terminal inteligente de computadora, como único usuario, a la que puede acceder gracias a una clave algorítmica que solamente él conoce.

Tal grado jerárquico lo obliga a saludarme con un -Buenas tardes, tome asiento por favor, si me permite su cédula.- De inmediato extraigo de mi billetera el mencionado documento de identidad y se lo entrego. Con una disposición fuera de toda duda, el alto funcionario digita el número en su teclado extendido, y tras unos segundos se iluminan en sus antiparras mis datos personales.
-¿Es usted el Sr.B......? - el que viste y calza; respondo.
-¿su teléfono es 099…….? Si, es ese desde hace diecisiete años.
-¿vive en la calle D…..?- No, me mudé al interior y ahora vivo en la calle H….., el señor, presto, corrige el dato en su computadora y luego de varias preguntas más, en el límite de mi paciencia, oprime el botón “print” y en su impresora, que es solo para su uso, extrae con gesto majestuoso una hoja de formato A4 con lo datos de mi historia laboral.

En ese momento hago el ademán de tomarla ya pronto a abandonar mi asiento y salir de aquella oficina, pero para mi asombro, no me la da. La gira para que pueda leerla y me dice –Vea si los datos son correctos y si están todos.- y comienza a leer uno por uno los diferentes trabajos que he tenido a lo largo de veitinueve años en el ejercicio de mi profesión.

Al concluir la lectura, veo que los datos son correctos, pero que faltan años trabajados en la Institución C….

-Aja!!- Dice casi con satisfacción, -pues entonces va a tener que ir a esta empresa, para lo que le voy a dar este formulario, en él van a poner los datos que tengan, alguien va a tener que firmar, garantizando de esta manera, que son verdaderos y tiene que presentar este formulario con los datos y la firma aclarada y con el sello correspondiente, en las dependencias del BPS, en la calle T… Nº 15…-
Me, entregó el formulario y mirando sobre mi hombro dijo: - ¡siguiente!.-

Consternado tomé el formulario, bajé los ocho pisos por las escaleras y al salir del edificio de la Administración, encaminé mis pasos hacia la Institución C….

Al llegar a la Institución C…. me dirijo al segundo piso, y llego a un sector identificado con un cartel blanco, en el que en letras azules y con el logo de la Institución se lee claramente “PERSONAL”. Allí se encuentra sentada la señorita S…R…. tal como lo dice el cartelito primorosamente prendido en el bolsillo de su túnica, sobre un redondeado y voluminoso seno.
Me siento sin que me lo solicite y sin apenas quitar los ojos de la pantalla de su computadora me pregunta -¿si?- quito los ojos de su teta con cartel y entonces le explico lo que me pasa, le muestro el papel, de formato A4, en el que figura mi historia laboral y en el que como ya sabemos no constan los datos de mi pasaje por esa Institución en el año 19…., le muestro además el formulario que me dieron el la Administración y repito las palabra que me dijera el señor R…., aclarándole que es imprescindible que se ponga al pie del mismo, la firma aclarada de un funcionario responsable y el sello correspondiente.
Me mira con un mohín picarezco, parpadea varias veces, con ese gesto tan dulce que tiene una funcionaria justo antes de joderte, y dice: -si, pero el trámite no es ese, usted tiene que ir personalmente al BPS, en el segundo piso entrando por la calle A…G…., en el edificio nuevo de ladrillos y ahí pide para hablar con el Sr. Y….., que él nos pida los datos.-
-Pero en la Administración el Sr. R….. me dijo que éste era el trámite y además me dio este formulario para ser completado por un funcionario responsable con su firma y sello…..
-no, no, no, yo le digo que ese no es el trámite y que lo que tiene que hacer es ir y hablar con el Sr. Y….-
Bueno muy bien pero ¿podría decirme si los datos que yo solicito, ustedes los tienen?, para no hacer todo el trámite y que al final no aparezcan.-

Tecleó algo en su computadora y unos segundos después pregunta ¿número de ficha?- -848…..-
-Si, esos datos están en el sistema desde el año 19…. Como usted dice.-
-¿y no me los puede dar?-
-Noooooo!, ese no es el trámite, para eso tiene que hacer una solicitud y volver por o menos en una semana, le conviene llamar antes, ¡siguiente!.-

Más apesadumbrado todavía, salí de la institución, pensando en dirigirme al BPS, pero el tiempo no me iba a alcanzar porque ya tenía pasaje para regresar y no es fácil cuando de tienen que viajar cuatrocientos kilómetros al interior del país. Así que fui a la terminal, me tomé un cortado con dos bizcochos, subí al ómnibus, abrí un libro y me volví a la ciudad de T….. sin tener el trámite completo.

En el viaje, de cinco horas me alegré un poco, ya que pensé en que tal vez pudiera solucionar el problema presentándome en las oficinas del BPS en la ciudad de T… departamento de T…., porque estando todos los datos informatizados seguramente desde allí podrían solicitar los mismos al la Institución, como me pidieron que hiciera con el Sr. Y….. , aunque en las oficinas de la ciudad de T…. no se encontrara el Sr. Y….., alguien sin dudas podía hacer que el trámite se completara. Entonces pude concentrarme en la lectura del libro que había seleccionado para el viaje.

A la mañana siguiente, me levanté temprano, hice mi corre caminata de cinco mil metros, me bañé me puse ropa adecuada y me encaminé, recién afeitado y perfumado con Polo verde, a las oficinas recién abiertas del BPS en la Ciudad de T……..

Al llegar y plantear mi problema, me indican en informes, que hable con en funcionario M…… al fondo, casi sin espera ninguna me atiende el funcionario M…. que luego de escuchar mi relato, me mira entre perplejo e incrédulo, se levanta y me ordena -¡Sigame!-
Unos metros después extiende una mano abierta con la palma enfrentándome y ordena: -¡espere aquí!-

Allí se encontraba un funcionario a todas luces de grado jerárquico muy elevado.
Se veía que era de alto grado jerárquico, en los modales sumisos y casi temerosos del Sr. M….. y en la actitud del funcionario, que nos miraba por encima de sus lentes de presbicia, en forma alternativa. Al Sr. M…. lo miraba con gesto de: “¿a mi me viene a molestar con esto?” y cuando me miraba se notaba claramente que pensaba ”¿Usted sabe con quien esta hablando?”.
Escuchó sin paciencia lo que le dijo el funcionario M…. de grado jerárquico menor, me miró con desprecio, se levantó de su escritorio, estiró su chaleco, atusó su bigotito, pasó la mano derecha por su pelo, engominado con “Glostora” y se me acercó: -Muy bien, pero el trámite no es éste, usted tiene que ir a la Administración donde empezó el trámite, porque allí tiene cuenta corriente, ellos tienen que solicitarle la información a la Institución C….., que se lo debe pasar “on line”, para ello Usted tiene que llenar este formulario, que le doy ahora, lo llena con los años que faltan en su historia laboral, día y mes de ingreso o ingresos y los períodos comprendidos, que usted dicen que faltan en su Historia laboral.-
-¡Pero no puede ser!- Dije, -ya estuve el la Administración en la que me dieron un formulario distinto que éste, que usted me da, de ahí me mandaron a la Institución C….. y de ésta aquí, no me puede mandar al punto de partida a cuatrocientos quilómetros de distancia, para que me manden de nuevo al la Institución que me mandó a aquí.-

Este es el trámite correcto, se lo digo yo que soy un funcionario de alto rango, dio media vuelta, se sentó en su escritorio, se calzó los lentes y me ignoró por completo.

No me quedó otro camino que el de tomar el nuevo formulario, bajar la cabeza y salir desde allí a la Terminal de la ciudad de T…. a comprar un pasaje de cuatrocientos quilómetros para ir de nuevo a la Administración.

Cuatrocientos kilómetros al sur, ingreso a la Administración.
Como la ansiedad no me permite esperar ninguno de los ascensores, subo al octavo piso por las escaleras incluidos los entrepisos del primero y el tercero. Llegué corto de resuello, pero puse bien a prueba mis cinco kilómetros diarios. Al llegar vi con pánico que el escritorio y la terminal inteligente de computadora del Sr. R…. se encontraban vacías, llegué a desesperarme ante la posibilidad de haber viajado cuatrocientos kilómetros y que el Sr. R….. no hubiera concurrido a trabajar ese día, o lo que es peor, que estuviera enfermo o que hubiera muerto de muerte natural, que en algunas oportunidades les suele pasar a los funcionarios de tercer grado, que sin previo aviso se mueren contra voluntad médica y por ello no concurren a su lugar de trabajo. Me acerque temblando al funcionario que se encontraba en el escritorio adyacente y en el momento en que le iba a preguntar por el funcionario R…. lo veo aparecer llegando desde el fondo de la Administración con unos expedientes bajo el brazo y el papel higiénico en su mano libre. Fue tan grande mi alegría que tuve deseos de correr a abrazarlo y llorar en su solapa, a la vez que le contaba de mis peripecias, pero el decoro o la timidez me detuvieron y solo me acerqué a su escritorio cuando hubo terminado de acomodar le papel higiénico en el cajón de abajo a la izquierda y los expedientes sobre el escritorio sin que ninguno quedara desalineado con respecto al otro y que todos ellos guardaran paralelismos exactos con los bordes de su pupitre. Entonces se aclaró la garganta y en el tono que corresponde a un funcionario de su rango y jerarquía me miró y dijo: - Buenas tarde, tome asiento, ¿me permite su documento?- Loco de alegría saque la cédula de mi billetera y se la extendí, esperé a que tecleara en su ordenador, que aparecieran mis datos en la pantalla y cuando me miró y me dijo -¿Bien?- comencé sin demoras con el relato de todo lo sucedido desde que lo había visto la última vez. A cada explicación mía, el Sr. R… se movía incómodo en su sillón y emitía un apagado –ejem.- Yo documentaba mi periplo mostrando los diferentes formularios que había cosechado y concluí mi relato argumentando –Como ve, el único que no conoce el trámite soy yo, y todos dicen conocerlo pero todos me indican uno diferente y aquí estoy, de nuevo en el punto de partida sin haber logrado nada.-

-Aja!- dijo nuevamente, pero este ajá! era de tono diferente que el anterior, ya que fue seguido de un -¡que barbaridad!, verá usted SR. B….. en ese momento se encuentra en la administración una alta funcionaria del BPS, para coordinar con nosotros unos expedientes particularmente engorrosos y delicados que solo se pueden tratar de esta forma, le preguntaremos a ella si es que podemos lograr una solución a su problema.-

En efecto la alta funcionaria del BPS, escuchó horrorizada mi relato y al cabo de unos momentos. Le solicitó al SR. R….. que le proporcionara un teléfono. Con gesto majestuoso el Sr. R….. le acercó el artefacto solicitado, lo descolgó, marcó la clave de salida solo concedida a él en persona y que solo él conocía. Esperó unos instantes con el tubo en su oreja derecha y se lo entregó diciendo: -Ahora tiene línea, disque en forma directa.-

Luego de una breve charla la alta funcionaria, colgó me pidió que escribiera lo que necesitaba y que lo pasara por FAX al 401………

El Sr. R…. me pidió que lo siguiera, escribió él la nota, la imprimió en la impresora para su uso exclusivo y me la dio a leer, -Si está de acuerdo con el texto, la mandamos ahora desde aquí.- respondí que si y así lo hicimos.

-Me llama en quince días al 1950 interno 21……., ahí le cuento si tenemos novedades, pero le advierto que va a tener que regresar a esta oficina, para completar el trámite.- miró sobre mi hombro y llamó: –siguiente.

Esperé impaciente los quince días indicados, llamé al número que me diera el Sr. R…….
Riiing………….riiing………..riiiing…….-Hola.- -con el Sr. R……. por favor.- con el Hoabla.- Buenas tardes, le habla en Sr.B….. de la ciudad de T…….. no se si me hubica.- -Claro que lo recuerdo, y tengo excelentes noticias para usted, llegaron los datos solicitados y está todo pronto para continuar con el trámite, venga mañana por acá.- clic, tu tuuu, tu tuuu, tu tuuu.

Otra vez a sacar pasaje de ida y vuelta, otra vez cuatrocientos quilómetros al sur, para regresar después, cuatrocientos kilómetros al norte.
Claro que antes de regresar tuve que subir ocho pisos arriba, incluidos los entrepisos del uno y el tres, para llegar al escritorio del Sr. R……
-Buenas tardes, tome asiento, ¿me permite su documento?- tic, tiquiti, tic, tac, tic, tiqiti, tac, tac.

Imprimió cerca de diez hojas, me pidió otras tantas firmas, con aclaración incluida: Dobló primorosamente algunas, marcó el centro de otras para perforarlas perfectamente alineadas, las guardó en una carpeta anaranjada con grandes letras negras y el logo del BPS, me lo extendió y me pidió una última firma, en un formulario que daba conformidad a haber recibido el ya famoso expediente, en mano propia.
-Ahora se presenta en el BPS entrega este expediente y continúa el trámite,-
-siguiente!.-

Me llamó poderosamente la atención que al retirarme me extendió la mano y dijo: -Mucha suerte, siguiente!.-

Cuatrocientos kilómetros al norte, en la ciudad de T……. me presenté con el expediente el las oficinas del BPS y pregunté: -¿puedo entregar este expediente aquí?- -
-¿Tiene número?- - No.-
- Se tiene que agendar en el frente.-
Fui hasta el frente y me agendaron para otro día a otra hora, -también puede hacerlo por teléfono, llama al 02 199….. y le dan día y hora por teléfono.-

Otro día a otra hora, me presenté con el número en la mano y mi carpeta conteniendo el preciado expediente. A las 9:20 en punto, tal como lo decía el número que tenía en mi mano, siento que alguien pronuncia mi nombre en voz alta en forma de llamado, me levanto del asiento y me presento frente al funcionario que me llamaba. -¿si?-
Saco el expediente que estaba en la carpeta anaranjada con el logo del BPS, se lo presento y le digo que vengo a continuar con el trámite.
-que barbaridad. Como ez que ze prezenta aquí con ezte expediente, en mano, como lo consiguió, ezto ez abzolutamente irregular!-

-Me lo entregaron en la Administración, me hicieron firmar un formulario y me indicaron que concurriera a las oficinas del BPS.-
-Ezto no puede zer!, ze lo voy a moztrar al alto funzionario!-
Se retiró el zezioso y fue en busca del alto funcionario, que no era otro que el de los lentes de presbicia, bigotito prolijo pelo a la “Glostora”, que se presentó ante mi, con pasitos rápidos, haciendo sonar los taquitos de sus zapatos de funcionario de jerarquía. Con gesto nervioso y mal talante, me dijo: -¡como se atreve a presentarse con este expediente en mano! Se lo vamos a retener, labraremos un acta para que se sancione al funcionario que se lo entregó.-
-Vea, éste expediente me lo entregaron contra la firma de un comprobante, si su única misión es la de sancionar funcionarios, está bien, pero a mi ¿quien me soluciona el trámite? Yo vivo en la ciudad de T….. y no me pueden mandar otra vez hasta la Administración a cuatrocientos kilómetros al sur.-
Tap, tap, tap, tap, sonaban sus zapatitos jerárquicos contra el suelo, Con los brazos en jarra, me dijo desafiante, muy bien me trae este, este y este documento, con constancia de domicilio en la ciudad de T…. , cédula y fotocopia de cédula, credencial cívica y fotocopia, se agenda cuando tenga todas las cosas que le he solicitado y ya nos veremos.

To be continued…….

lunes, 10 de agosto de 2009

Los Maniseros son mortales



En mi pueblo no había carrito de “Manises”. La tradicional locomotora a vapor en miniatura no existía ni existe, yo la vi por primera vez en Montevideo, que fue el lugar en el que las conocí para mi total asombro. Fue en el Parque Rodó, era enorme, o por lo menos yo la veía así, bien pintada, muy prolija y hasta echaba humo por su chimenea.

Los gritos y la algaraza que me produjeron me hicieron tirar de los pantalones de mi papá que no tuvo otra opción que comprar los benditos maníes para el nene, o sea yo; que resultaron ser casi una estafa como casi todos los maníes comprados en la capital. La mayoría pasados otros crudos y en definitiva mucho mas caros y feos, que los que yo conocía.

Después vi algunos carritos más, en ciudades del interior como Las Piedras o Florida, pero nunca fueron iguales a aquella primera vez, pero los maníes eran mejores.

En el Tala, el manisero usaba una bolsa. Una enorme bolsa de brin marrón que el tiempo le había puesto una pátina como de ratón viejo. Tenía dos refuerzos de cuero en los extremos de su enorme boca y una correa gruesa y ancha, de color negro, que el manisero cruzaba en bandolera sobre su hombro izquierdo.

El manisero Álvarez, se llamaba Manisero, y era lo que casi siempre le comprábamos, “Manises”.
Manisero, ¿Me da dos jarros?, sacaba un pedazo de diario del tamaño adecuado, armaba el cucurucho en el momento, ponía los dos jarros y agarraba las monedas que iban a un bolsito de cuero atado a su cintura. Nunca volví a comer Manises como los del Manisero.

Claro que éstos no duraban todo el año y en enero no es muy apetecible ese manjar propio del invierno, pero el único oficio que tenía Álvarez era el de manisero, por lo que en enero lo llamábamos ¡MANISERO, MANISERO! Y cuando llegaba a nosotros le preguntábamos: ¿Manisero que vendés? En enero casi siempre eran helados, a veces caramelos, que eran los “candel“ Astra, y unos de maní que eran riquísimos, en primavera tanjarinas (tal como se llaman en el tala, y que conste que el término se encuentra en el diccionario de la Real Academia Española).

Hace pocos días me llamó mi papá dese el Tala y en la charla me preguntó:
¿a que no sabés quien se murió?........... El Manisero Álvarez!

SIPI, los maniseros son mortales.

En Montevideo ya no quedan carritos de Manises, pero en Tacuarembó si.
En el Tala ya no hay Manisero.

domingo, 19 de julio de 2009

Pasear está muy bueno, pero volver a casa y encontrarse con los rincones conocidos y añorados está mucho mejor.
Claro, hace una semana estaba con cuarenta grados y el agua del Pacífico a veinticuatro grados y acá estoy cagado de frío con la estufa a leña prendida veinticuatro horas al día y de noche también.
Ahora, no me van a negar que no hay nada como estar en casita.
No quiere decir esto que el Fantasma me trató mal, que esperanza, me trató a cuerpo de rey y aunque estaba comodísimo con él y con Male, ya tenía ganas de volver.
También ocurre que al regreso, como la vida sigue su curso aún en nuestra ausencia, uno se encuentra con cambios no esperados, y este es el caso con mi querido balneario Iporá; en efecto cuando me estaba yendo la Intendencia de Tacuarembó organizaba un encuentro de escultores, que en un plazo de una semana o diez días tenían que terminar sus esculturas. Las obras se encuentran terminadas y comienzan a ser emplazadas alrededor del lago.

Una de ellas en particular trajo a mi frágil memoria, un evento que ocurrió en mi infancia para la llegada de la primavera. Tal como era costumbre, la comisión de Centro Social Tala, decidió realizar el baile anual de primavera y para ello había que decorar el salón, el que se ofreció fue “el gallego Hacha”.

Era de los gallegos de pura cepa, de los de antes, de aquellos que nunca aprenden el idioma uruguayo, y muy dispuesto tomó pinceles, paleta y pinturas para comenzar su obra. Luego de un rato de estar trepado en la escalera, desciende para desde lejos admirar su creación.

Luego de una larga y profesional contemplación con lateralidades de cabeza incluìda, dijo: “Coño he quirido hacer una jolondrina y me ha zalido un patu”.



Una cosa parecida me recordó esta escultura en la que el autor quiso homenajear al caballo de Guernica y le quedó igualito, igualito a una foca mire.